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Luisa Granero

La fuerza de una mujer

Digno colofón a la larga serie de actividades realizadas en el MEAM, desde la inauguración de la exposición sobre Mujeres Artistas Hoy, iniciada el 8 de marzo, es esta exposición antológica de la obra de la escultora Luisa Granero.

Para organizar esta exposición, el hijo de la artista ha puesto a disposición del MEAM la totalidad del legado de la escultora: Cientos de esculturas, óleos, apuntes, notas personales, etc. El resultado es la más completa antológica de su obra, con muchas esculturas realizadas en terracota, yeso, bronce y mármol, con diversos óleos y pinturas, y con obras de muchos artistas conocidos (Mallol Suazo, Ernest Santasusagna,  Lluís Muntaner, Jaume Otero, Olga Sacharoff, Martí Llauradó, etc.) en las que ella misma es la modelo.

Una auténtica muestra de cómo una mujer, hecha a sí misma, y con la sola arma de su voluntad, puede llegar a cumplir todas las metas que se haya propuesto en la vida.

 

Luisa Granero, es el más claro ejemplo de una mujer hecha a sí misma. Nacida en 1924, en Barcelona, en el seno de una familia pobre, de origen andaluz, su madre y su tía fueron modelo de artistas como Ramón Casas, y ella, para sobrevivir, empezaría haciendo lo mismo. A los nueve años, aún no había podido ir al colegio, y sólo su tenacidad hizo que lograra sus objetivos.

Entre los diez y los quince años, consigue empezar a ir al colegio, y a los dieciséis logra que la apunten en la Escola d´Arts i Oficis de Barcelona, donde aprueba los cuatro cursos en sólo un año, para poder matricularse en la Escuela Superior Bellas Artes. Allí la llaman “la chica del membrillo”, porque muchos días eso es lo único que lleva para comer.

Empieza a trabajar como modelo en los talleres de escultores tan interesantes como Jaume Otero y Martí Llauradó, y con ellos se enamora de este oficio. Con el dinero que gana como modelo, paga sus estudios superiores y alterna los trabajos de modelo y ayudante. Y a los 25 años se casa con el también escultor Enric Galcerà, que la apoyaría incondicionalmente en su vocación. Ya en 1942, había conseguido su Primer Premio en el Primer Salón de la juventud de Madrid.

Como ella misma se describe, “es madre, esposa, ama de casa, ayudante del escultor Enric Monjo y, por las noches, escultora”. Trabaja frenéticamente y se presenta a exposiciones y concursos.

El mismo dia que cumple 40 años gana la Cátedra de Modelado y Composición de Bellas Artes en la Universidad, convirtiéndose en la primera mujer catedrático de Escultura en España. “Al ser mujer no lo tenía fácil, pero me la dieron”, apunta, después de que el catedrático que estaba en su contra (por el hecho de ser mujer) perdiera el tren y no llegara a tiempo a Madrid para la votación final.

Cuando, en 1967,  se inaugura el nuevo edificio  de la Universidad de Bellas Artes en la Zona Universitaria de Barcelona, la figura de Sant Jordi, de grandes dimensiones, y su pareja, que flanquean la entrada, son obra de Luisa Granero. Y allí ejercerá sus funciones docentes hasta su jubilación.

Cuatro años después, hace su primera exposición individual en el templo del arte de la época, la Sala Parés, de la mano de un admirador incondicional, Joan Anton Maragall. Y, desde entonces, su vida entra en una fase de éxitos, combinando exposiciones en diversas ciudades con monumentos públicos tan importantes como el gigantesco “Genio de las Islas” en Palma de Mallorca. O las fuentes del barcelonés Palacete Albéniz, la Virgen del palacio de la Virreina, las fuentes de Zaragoza, etc.

En 2006 pronuncia su discurso sobre la “tierra cocida” en su ingreso en la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, en Barcelona. Antes había sido nombrada también académica de la Academia de Santa Isabel de Hungría, en Sevilla, y en la de San Fernando, en Madrid. Y a la vez miembro de la “National Sculpture Society” de New York.

Al final de su vida, sus reflexiones le levaban a afirmar:

“Para mí el arte no es una moda. Hay que encontrarse a uno mismo profundizando.  ¡Amo tanto el Arte! y odio la gratuidad. Con Monjo descubrí que el artista está en uno mismo y que el arte no es la copia."

“He luchado mucho. A veces no puedo creer lo que he conseguido, viniendo de donde vengo y en la época en que nací… Una mujer, en los años cuarenta, de origen humilde, no lo tenía fácil para ser escultora. Pero ésa ha sido mi fuerza… ¡Y he sido feliz!"

“Dice Rodin: “El mundo sólo será feliz cuando los hombres tengan alma de artista, es decir, cuando todos disfruten con la labor de su creación”…  Yo he disfrutado y todavía disfruto”

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